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martes, 10 de junio de 2008

www.sexo.com

Ruy Alfonso Franco

2. ¿Y qué es lo que ve el internauta curioso?

En el peor de los casos está la indiferencia. En Internet, me parece, ésta es la parte más oscura del invento de fin del siglo XX. Y es que pocos parecen sentirse afectados por los excesos en este medio, engolosinados como estamos ante tanta supuesta libertad para decir, mostrar y ver cualquier cosa; especialmente sexo.



A casi 20 años de su popularización, la vulgaridad, la violencia verbal y visual generada en Internet, por mucho que satisfaga toda intención libertaria de albedríos, no deja de atentar contra los mejores principios educativos y espirituales, y da manga ancha a todo lo que por norma se reducía a minorías muy proclives al desenfreno, la siempre áspera pornografía. Hoy cualquiera de nuestros niños puede toparse, “sin querer”, con el lenguaje más soez o las imágenes más brutales por la red, sin argumento ni contexto que los soporte.


Es decir, en términos reales, yo como padre de familia puedo evitar que mis hijos vean espectáculos desagradables o nocivos si los mantengo alejados de ciertas zonas rojas (cantinas, prostíbulos o callejones oscuros...), pero siendo el Internet un sitio público, ¿cómo evito que mis niños se topen con las majaderías, obscenidades e imágenes más agresivas en línea? ¿Prohibiéndoles el uso de este valioso medio? Sería como, por prejuicios, no saludar de mano a una persona enferma de SIDA. Vaya, no hay aquí un problema que una buena educación que amplíe los criterios no resuelva, porque estamos ante la evidencia de que los refugios para la inocencia infantil cada vez son menos, apurados como estamos por vivir en el “mundo real” y globalizado. Uno bastante grotesco, por cierto; uno en donde empujamos a nuestros hijos a vivir aceleradamente de la mano de la cambiante como fría tecnología, en un mundo cada vez más materialista y menos espiritual.


Lo curioso es que cuando la sociedad toma conciencia sobre los posibles daños psicológicos y morales de los excesos en Internet, la primera condena es para la pornografía, pero no tanto para la conducta de los cibernautas, que es significativamente más dañina porque es quien ha degenerado uno de los medios de comunicación más importantes, en vulgares lavaderos de vecindad en sus chats, foros y blogs; quien ha vuelto a Internet un gran mercado sexual. ¿Quién no se ha topado con anuncios anónimos de personas que buscan información sobre qué sitios encontrar pornografía infantil, especialmente de niños de 6 a 13 años? Y los foros y blogs, ¿acaso no son en su mayoría sitios de exhibición y búsqueda de romances, que fácilmente deviene en escarceos sexuales?




Es decir, que aparte de los enfermos que acechan a los más inocentes, está cualquier hijo de vecino, oficinista, maestra o desempleado azuzando a otros, buscando aventuras de amor y sexo, dando rienda suelta a sus instintos simplemente porque se puede y nadie los ve… Claro que mientras nuestras apetencias respeten las libertades y los derechos de los demás sin afectar su integridad y voluntad, todo podría estar bien en la red y parecerse a un paraíso idílico. Pero resulta aquí que nada de esto parece suceder, pues cada vez más Internet da pruebas de haberse vuelto un monstruo incontrolable. Los noticieros nos advierten todos los días de ello y los especialistas en medios y conducta social ya han presentado investigaciones serias sobre los daños que el mal uso del ciberespacio y los juegos electrónicos están provocando en los niños y jóvenes, irremediablemente adictos a los ordenadores y aditamentos (celulares, ipods, laptops, playgames y demás parafernalia digital).

No me declaro por una educación hipócritamente moralista, sino por una congruencia social de respeto y sentido común, de conocimiento y desarrollo cultural. Si me place el acto sexual, creo que es algo privado que involucra a dos (o a los que guste, si es usted muy energético y creativo), pero no públicamente a todos, porque entonces habría una degeneración social muy peligrosa que podría significar el fin de nuestra civilización, como tenemos constancia en la historia (recuerden el fin del imperio romano). Hoy las páginas sexuales en la red están más a la vista que nunca y son los usuarios comunes quienes mantienen muchas de éstas y hay mucha desfachatez ante la repentina libertad y facilidad para desnudarse, ver e inducir al devaneo sexual explícito. ¿Producto de las rígidas normas socio/religiosas y una educación deficiente por lo que oculta, más que por lo que enseña el sistema educativo o simple comercio abusivo y oportunista? Otros podrán alegar también que este libertinaje, a fin de cuentas, es un desahogo del estrés que nos provoca vivir la competencia diaria por la sobrevivencia en la era de la globalización.

Usted juzgue.

Lo cierto es que el sexo es el tópico más recurrente en la supercarretera. De lo que antaño era exclusivo de tugurios y mercado negro en prostíbulos, la pornografía en Internet hoy es un producto más como los que vemos en televisión. La oferta sobre el sexo más explícito como mercancía es sorprendente aquí, lo que hace pensar en la demanda que debe ser todavía mayor. Y esta insistencia sobre el sexo no necesariamente es producto de la casualidad, tanto como de la probable necesidad de nuestra sociedad de afrontarlo más abiertamente, luego de un par de siglos de falsa contrición, impuesto por una religión judeocristiana necesitada de controlar con mano de hierro la tendencia librepensadora de la moderna sociedad cada vez más materialista y menos dispuesta a la obediencia cristiana. Y allí el sexo pasó a ser un pecado y la Iglesia la salvaguarda de la pureza, lo que parecía garantizar, además, su propia existencia.

Por los hechos, ¿significa que Internet nos ha liberado de esa carga de conciencia?


Muchas inquietudes se desprenden de este medio, como la educación sexual y la cultura, a propósito de la más bien inexistente censura en Internet que da libre cabida al sexo explícito, ante todo por la deliberación sobre la libertad de expresión: ¿cuándo es o deja de serlo si afecta a terceros? Y la discusión se extiende si a esta libertad por mostrar el sexo sin restricciones, se le consideran posibilidades artísticas a través de la pintura, fotografía y el cine, lo que parece confundir a muchos, pues pocos comprenden las diferencias entre pornografía y erotismo, lo que a la postre es el perfecto pretexto para censurar ideas, más que el comercio vulgar del sexo.


El aspecto moral y hasta legal son un fantasma que recorre el teclado cada vez que alguien se conecta a la red, por aquello de que moros y cristianos acudimos al mismo vicio de voyeur y porque, prácticamente, sin limitación alguna, cualquier persona —de cualquier edad— que tenga acceso al sistema logra ver las imágenes más candentes y sin pagar un cinco, tranquilamente en casa, en la oficina o escuela.


¿Y qué es lo que ve el internauta curioso?


Aparte de las ofensas más gráficas, las ideas más reaccionarias, la chabacanería más ramplona y las perversiones insospechadas, usted querido lector, podrá ver sexo en sus más variantes subgéneros: bizarro (enanos, mutilados, violaciones, tortura, etc.), juvenil, bi, homosexual, lesbianismo, interracial, gordos, grandes tetas, grandes falos, maduras, anal, oral, zoofilia, juguetes, puños, lluvia dorada, sexo grupal, carreteras, públicos, baño de semen, amateurs, voyeurs y un gran etcétera hasta donde la imaginación alcance. Todo debidamente fotografiado, filmado o grabado en video y cámaras webs, incluso en directo bajo módica suma o bien por usuarios amateurs, que gustosos se exhiben gratis. Hay, además, chats, foros y blogs públicos o privados dentro de las páginas pornográficas, servicio de contactos y enlaces, búsqueda de prospectos afines y mensajería. Hay venta de juguetes sexuales, vestuario de fantasía, cremas, medicinas, vitaminas, afrodisiacos, revistas y películas en DVD en ofertas permanentes; anuncios para agrandar todo: pechos, nalgas y hasta penes. Hombre, hay hasta espacio para literatos inspirados que deseen publicar sus cuentos, novelas y crónicas sexuales.

Así pues, tenemos uno de los mayores inventos del siglo XX al servicio de la humanidad, dedicado básicamente a una sola cosa: al sexo.


Cierto que Internet ha obligado a una transformación quizás radical de la conducta humana, sobre todo por cambios en los cánones de la comunicación, pues es obvio que ya no basta con hablarle sólo al vecino, ahora podemos socializar con los que están allende a nuestras fronteras de la casa, el barrio, municipio, estado o país. No importa que sólo sea para agredirnos o excitarnos mutuamente.



lunes, 2 de junio de 2008

www.sexo.com

Ruy Alfonso Franco

I. El ánfora de Pandora

Internet debe ser el invento del siglo por la enorme utilidad que representa para la humanidad, por sus múltiples aplicaciones en el campo de la comunicación. Por eso llama la atención que esta red de información, con todo, sea subutilizada por un cada vez mayor número de internautas casi exclusivamente para el entretenimiento, en donde el juego y el sexo son los principales productos consumidos, según se puede observar en la oferta de este universo virtual.



Los innumerables sitios destinados al culto del cómic, programas y estrellas de la televisión y el cine; pero sobre todo los romances y el sexo en los populares chats como en los blogs, pareciera ser el único propósito de una mayoría creciente en Internet, en donde la pornografía es la ineludible recurrencia para las inquietudes hormonales y perversiones más escandalosas. Pero antes que nada, este servicio cautiva no sólo por su alcance como medio de expresión, sino porque como en ningún otro medio es el usuario quien controla —aparentemente— el uso de la red y esto le da un poder insospechado, magnificado todavía más por la posibilidad del anonimato, lo que le hace adquirir cierta seguridad que de otra manera, tal vez, no se tendría en casos donde el individuo deba aparecer físicamente. Es esto lo que ha derramado el ánfora de Pandora.

Y es que el usuario, aprendidos los rudimentos técnicos, puede crear sus propios espacios; atraer la atención sobre sus ideas o intereses y, claro, hacer negocios o conseguir la información que desee. El quid de la cuestión es, ¿cuántos de éstos realmente enfocan sus necesidades objetivamente, sin perderse (como lo hacen la mayoría de los televidentes, por ejemplo) para terminar consumiendo chatarra, enajenados y adictos?

Al respecto, Víctor Flores Olea y Rosa Elena Gaspar de Alba son muy claros en su apreciación sobre las consecuencias de una tecnología mal aplicada (¿o mal entendida?):

"Su aplicación contradictoria nos inclina a pensar que los avances de la tecnología ­­—que también han proporcionado bienestar y seguridad a una parte de la especia humana— son instrumentos cuyo significado depende, sobre todo, de la utilización que de ellos haga el hombre y la sociedad humana. Esos instrumentos, en sí mismos, tenderían a ser neutros, dependiendo su destino más bien de la organización social en la que se desarrollan y de la calidad y propósitos de los hombres y mujeres que los utilizan.

Acerca de la dirección sombría de la organización social 'moderna' y sus consecuencias aplastantes sobre el ser humano —para hacer únicamente referencia a las profecías negativas en el terreno del arte—, recordemos obras como Metrópolis (Fritz Lang, 1926), Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932) y 1984 (Georges Orwell, 1949), entre otras, que construyeron aterradoras ficciones sobre el encadenamiento y la fragmentación del ser humano en las metrópolis abstractas y gregarias del futuro (que ya es presente); o sobre el uso de la ingeniería genética para condicionar la vida antes del nacimiento; o acerca de una vigilancia de la conducta y la conciencia de cada uno que nos encadena inflexiblemente a ideologías o intereses desconocidos, dictatoriales y represivos (las múltiples versiones del Big Brother).
[i]

Una sensación de libertad y dominio es lo que el usuario común de Internet puede sentir al navegar, yendo a cualquier punto del planeta a través de su PC, contactándose rápidamente con una diversidad de personas con las que, de entrada, no hay más diferencia que la máquina que cada una posea (por su sofisticación y capacidad), porque las distancias culturales o económicas parecieran no notarse o no importar. Pero más que nada porque el navegar es en sí un juego, uno en donde podemos asumir personalidades distintas.



Así que tenemos por el ciberespacio las más variopintas situaciones: niños de 15 ligando con señoras de 40, abuelos de 70 seduciendo a colegialas de 14. Hombres y mujeres buscando amantes o masturbándose en los chats frente a sus web cams, según ellos mismos declaran en los foros. Las más diversas tendencias y gustos sexuales en todas sus formas. Exhibicionistas y consumados perversos (o debutantes) asolando los sites. Negros con blancos, católicos con judíos, latinos con europeos, ricos con pobres, etc. No importa, no sabrán si no lo revelan. La posible y original diversidad hacen atractivo a este servicio. Claro que también afloran las peores y las más despreciables conductas; racismo, brutalidad e ignorancia parecen caminar de la mano, tal vez porque después de todo, el anonimato nos envalentona para dejar de reprimirnos y nos anima a manifestarnos así tengamos las más obtusas ideas.


Todos en Internet parecen hacer posibles sus sueños.

Por supuesto, no todo es mentira y hay quienes, aceptando su verdadera identidad de todas maneras se sienten fuertes escudados tras las pantallas sin importar si estás lisiado, feo o tienes mal aliento (photo shop cumple todos nuestros sueños). El nivel económico no tiene importancia (aunque se supone que el usuario es de una clase media/alta) y mucho menos lo tiene la cultura (aunque ésta queda evidenciada cuando aparecen las enormes fallas ortográficas, las expresiones más pobres y la intolerancia), porque al fin de cuentas, pareciera, todos tienen las mismas inquietudes: jugar y desahogarse, y en ese sentido todos son iguales en la red.


En medio de esto sobresale lo constante del sexo y la libertad para generarlo y consumirlo, en cierto modo sin peligro físico (contagios o violencia), a pesar de que muchas de las imágenes o el lenguaje empleados son en sí violentos. Esto hasta que se pasa al siguiente nivel del contacto real, en donde es común que surjan los fraudes y abusos a menores de edad, presa fácil de bandas criminales que han encontrado en Internet un excelente mercado para el negocio del sexo más bizarro. Curiosamente, pese a que cualquiera pueda sentirse ofendido o lastimado por lo que ve en Internet, poco se ha logrado contra pederastas o realizadores profesionales de la pornografía, porque los primeros se ocultan en las entrañas de la red y a los segundos los protege la ley como la industria boyante que es. Pero el usuario no está protegido contra las imágenes agresivas, contra prejuicios, traumas y complejos que transitan agazapados. Tampoco nos protege contra un medio electrónico utilizado principalmente con fines comerciales y que tarde o temprano habrá de regularse seriamente y no sólo con letreros que digan, en el caso del mercado sexual: Soy menor de 18 años /volver a la página principal.

Entonces, el problema, quizás no sean los productores de imágenes rudas, sino la misma conducta de los usuarios, porque salvo el sexo explícito que uno encuentra en la red sin estar debidamente regulado (cuyo control sería necesario, para evitar envolver a los menores), la parte más agresiva siempre viene de los propios usuarios al excederse en sus libertades, al no saber comportarse en los sitios públicos; al libertinaje de su proceder porque, con esa recién adquirida libertad para conducirnos solos y sin control, no sabemos cómo administrarnos. Y si a esto agregamos la voracidad de los comerciantes insensibles que explotan encantados el morbo de los cibernautas, tendremos pronto un gran problema que legislar, porque desde hace rato ya se genera aquí todo tipo de crímenes, sobre todo de carácter sexual.

Luego queda en el aire la inquietud, ¿los seres humanos necesitamos ser controlados, dirigidos, para poder actuar razonablemente? Habrá que pensar en la reflexión de Francisco Prieto cuando dice que: “...por el hecho mismo de que cada hombre es un ser inacabado arrastra un grado mayor o menor de inseguridad y una de las formas de aplacar dicha inseguridad es el poder: el que se ejerce y el que se padece.
[ii] Por eso, cuando el usuario violenta a otro por sus ideas, cuando subestima su nacionalidad, cuando abre foros para decir que a su mujer le gusta el sexo anal, que desvirgó a su primita de 10 años o afirma que los gatos son su mascota preferida, el individuo está utilizando el medio a su antojo, no importan las banalidades ni la dimensión de su confesión o sus fantasías. Hay la satisfacción de dominar ese espacio, aunque sea temporalmente.

En el peor de los casos está la indiferencia.




[i] Flores Olea Víctor y Gaspar de Alba Rosa Elena, Internet y la revolución cibernética, Océano, 1997, p. 15.

[ii] Prieto Francisco, Cultura y comunicación, Ediciones Coyoacán, colección Diálogo Abierto. Comunicación, 1998, p. 10

miércoles, 23 de abril de 2008

Mira nomás

Ruy Alfonso Franco

La colocó cuidadosamente en el tocador de su recámara compuesta de muebles de palo rosa, gasa en cabecera, esquineros y ventana, en un ambiente de terso durazno. Miró detenidamente el paquete, pausando a propósito el momento de abrirlo, gozando anticipadamente el contenido esperado. Dio vueltas a la caja de cartón del tamaño de una de zapatos, todavía con el papel rugoso del envío aéreo. Por fin se decidió a abrirlo.


Rasgó delicadamente el papel acanalado y descubrió una caja comercial de brillantes y sugestivos colores, con imágenes del producto a todo tambor, descripciones maravillando su eficacia e indicaciones rápidas de uso fácil, sellos operativos y notas precautorias: derechos reservados, observancia sanitaria y, claro, el infaltable aviso de rigor: “este producto no contiene baterías”.


Detuvo la inspección, miró la puerta sólo para cerciorarse de que tuviera el seguro puesto; ahora cantaba quedito en el estéreo Ani DiFranco, Wishing and hopping.
Quitó despacio la tapa para descubrir el producto envuelto en celofán, perfectamente acomodado en un nicho de caucho rojo con el molde de la figura, como se acostumbra en estos casos. Eran tres piezas solamente y una de ellas era un aditamento que extendía sus funciones, regalo de la compañía para dar completa satisfacción a su distinguida clientela, más un disco DVD.


Se miró al espejo y sonrió, sus hermosos ojos castaños ahora estaban iluminados, uy. Pasó por su delineada ceja la punta de su índice y el anular con cortas uñas nacaradas; la enarcó jugando a femme fatal y se vio acariciando la caja, pensando. Funcionó, no despertó sospechas en su mamá; fue bueno que Mireya recibiera el paquete, así no tuvo mucho que explicar, mami está acostumbrada a la escandalosa de mi amiga, ni atención puso.


Fue al baño, orinó pensando en Paúl; suspiró, ¿por qué las cosas eran así?, lo quería, lo amaba, él lo sabía. Bajó la manija del agua, se lavó las manos y sus ojos se aguaron. Antes de salir secó una lágrima rebelde y acarició sus mejillas consolándose, qué remedio.


¡Ay!, Calamaro. Corrió a subir el volumen porque cantaba Hace calor y bailó haciendo tubo…


Mi corazón, mi corazón
es un músculo sano pero necesita acción;
dame paz y dame guerra,
un dulce colofón
y yo te entregaré lo mejor.

Tan dulce como el vino,
salada como el mar,
princesa vagabunda,
garganta profunda,
sálvame de esta soledad.

Cogió el celular sin dejar de contonearse, disparó la cámara al espejo donde también en shorts bailaba, una, dos, tres y cinco veces. Luego se acostó sexy en la cama y siguió haciendo clic: una como Belinda, otra como Hannah Montana, ahora como Paris Hilton, muy zorra. Miró el techo, sonrió con ilusión; contempló la caja, sonó su celu.


—¿Ya?


—No, ¡jajajajaja!


—¿Y qué esperas idiota?


—Oh, qué impaciencia, espérate. ¡Te hablo! —y colgó sin dejar que Mireya dijera mu.
Volvió al tocador. Sacó de la caja el DVD anexo, qué prácticos. Puso el disco en la computadora y aparecieron los créditos de la compañía sobre una pareja atractiva en minúsculos trajes de baño, invitando a mirar las bondades del producto. La rubia curvilínea lo traía en manos y exhibía alegremente, el muchacho atlético sonreía plástico. Un cucu avisó de alguien en el msn, era Mireya.


chika loKA dice: ya?


princesa_bonita23 dice: nop


chika loKA dice: ke pezada ereeeeeeeeees


princesa_bonita23 dice: te haBLO el pau???????????


chika loKA dice: zip


princesa_bonita23 dice: ke te DIJO —En la pantalla la pareja desnuda ahora fornicaba.


princesa_bonita23 dice: esperate mi mAMa me aBLa —cerró rápido la ventana y paró el CD donde la rubia hacía sexo oral. Pegó la oreja a la puerta, pero no, mamá no venía. Mejor guardaría la caja, ¿pero dónde? ¿En el closet entre las garras?, ¿debajo de la cama junto al cartón de revistas viejas? Volvió a correr el video, el forzudo gringo le metía a la chica de pechos grandes el producto por detrás.


Giró de pronto la cabeza hacia la puerta, ahora sí, escuchó a su madre abajo.


—¡Raúl, hijo! ¡Ya está la comida!